Fue gato
al que le quedaban cuatro de sus siete vidas
pues ya habia muerto tres veces por amor.
Pero mas que morir mataba,
por eso de sus ojos de gata
y sus labios de cielo.
Se subia a los tejados para sentirse a salvo
entre tanto gilipollas.
Y le regalaban flores unos cuantos capullos
con la esperanza de no volverse a marchar a casa,
solos.
Pero a pesar de sus cuatro muertes,
aun le quedaban cuatro vidas
que no dudaba en malgastar con sus tres gatos
y en volverse a enamorar.
Escribía como los ángeles. Era una de esas personas que emanan felicidad por donde van. De esas que no puedes evitar extrañar. Se llamaba Celia.
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